La
gota que inicio la tormenta
El 19 de mayo de 1997
promediando las 16:45, en el hospital San Gabriel nació un bebé varón cuyo
nombre fue José Fabricio Guarachi Aguilar. Creció en un entorno familiar
agradable e interesante pues su padre era militar con grado de capitán y su madre licenciada en enfermería, paso
gran parte de su infancia en un pueblo llamado Quime donde aprendió a vender en
la tienda de sus abuelos, jugar con los niños del lugar fútbol en cancha de
tierra y sembrar choclo, papa, arboles de naranja, durazno y ahuyentar a los
pajaritos que trataban de comerse la cosecha.
La educación es
esencial para abrirse a un mundo lleno de cosas buenas y no podía faltar el
primer día de clases que por cierto fue vergonzoso pues el colegio particular
Piloto Bolivia ubicado en la Av. Diego Portugal de cuidad Satélite, que en ese
entonces tenía unas rejas de color celeste, era el primer recuerdo de despedida
del lazo maternal que muchas veces terminaba en llanto y fluido nasal que
duraba entre 4 a 7 minutos, lo único que se puede hacer es pensar en ser un
niño bueno para volver a casa pero la vida no es tan simple pues con el paso de
los años, se volvió costumbre ir a diario superando el nivel académico para
entender que se tiene que ser algo en la vida.
Los años no pasan en
vano pues uno tiende a agarrar gustos con los cuales se identifique, entre
tantas cosas el género del Rock fue lo mas impactante, mientras algunos
aprendían a bailar y degustar diferentes bebidas, yo aprendía a tocar batería y
degustar diferentes videojuegos lo cual fue un factor decisivo al hacer
amistades pues en etapa culminar de colegio, un chico al que le gusta el Rock tiene
muy pocas amistades pues donde termine mis estudios, Daniel Sánchez Bustamante
estaba regido en ese entonces en un 90% por el género de la cumbia villera.
Terminado el colegio
por la manera estricta en la que vivía gracias a mi padre, hice mi servicio
militar en el regimiento Colorados de Bolivia Escolta Presidencial donde por
circunstancias de la vida todos gritaban desde que salía el sol hasta que se
veía un hermoso atardecer, así pues una linda mañana perdí la voz y me quede
afónico por 3 días donde lo único que tomaba para calmar la irritación era mate
de manzanilla, se me dio el sobrenombre de DJ pasando 1 mes del incidente pues
mi voz ya era mas agradable y me dio para ganar un poco de dinero grabando
menajes de cumpleaños, hasta terminar dando el discurso en frente de 1500
personas.
El 2016 postule a la
carrera de Comunicación Social donde todo se dio manera positiva hasta ahora,
febrero del 2019 donde me encentro en 4° año y con todo lo que pase y lo que me
queda solo puedo decir que siempre es bueno tratar de ser mejor persona que el
día de ayer, con eso en mente me anime a entrar a voluntariados, conocer nuevas
personas, ver el mundo a través de los ojos de alguien opuesto a mi.